Las raíces de la vida
Madrid, Módem Press
12/03/2005
El geólogo Laureano Merino publica «Usos tradicionales de los árboles en el occidente de Asturias», editado por el Museo de Ciencias Naturales
Los árboles ocupan y han ocupado tradicionalmente un lugar importante en la vida de los habitantes de Asturias, permaneciendo casi siempre en el anonimato, pero rindiendo grandes beneficios. Su importancia sigue siendo fundamental, a pesar de las transformaciones que se han producido en el campo, el desarrollo de la industria y la irrupción de los materiales sintéticos.
El geólogo Laureano Merino Cristóbal acaba de publicar el libro «Usos tradicionales de los árboles en el occidente de Asturias», editado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales, perteneciente al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). La publicación cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Valdés, y pretende dar a conocer las utilidades y beneficios aportados por los árboles en Asturias.
Como el uso de la resina, usada en diferentes industrias, como la farmacéutica, o el ámbar, que está ayudando significativamente a los paleontólogos a conocer cómo era la vida y la atmósfera de la Tierra en épocas pasadas. También se repasan las características de la corteza y las hojas de algunos árboles como remedios curativos, cuyas propiedades terapéuticas han sido transmitidas oralmente de generación en generación, formando parte de la cultura popular de las gentes del occidente de la región.
La obra se detiene, asimismo, en las aplicaciones en la gastronomía, en la que aparecen los frutos de los árboles como alimentos para ingerir crudos, o elaborados de diversas maneras, como compotas, mermeladas o confituras. La madera de los árboles, que ha servido desde hace miles de años al hombre para realizar multitud de objetos, desde calzado (madreñas o zuecos), embarcaciones, muebles, recipientes, utensilios de labranza..., además de usarse como combustible casero o industrial.
Esta multiplicidad de usos ha dado lugar, en el occidente asturiano, a un gran número de artesanías, entre las que podrían destacarse las dedicadas a la talla de la madera (olivo, boj, abedul, castaño, chopo, fresno,...), y la cestería con fibras vegetales propias de cada lugar, como las tiras de castaño y avellano usadas para realizar cestos.
Y es que en «Usos tradicionales de los árboles en el occidente de Asturias» se tasan hasta cuarenta especies usadas a lo largo de los siglos por los habitantes de la zona para las más diversas actividades.
Durante varios meses, Laureano Merino se ha recorrido palmo a palmo el occidente asturiano. Ha paseado por sus bosques y ha contemplado con admiración árboles que son auténticos monumentos, como el «Carbayón de Valentín», datado antes del descubrimiento de América, la «Fayona de Eiros» y el «Texo de Lago».
Pero advierte de que el bosque autóctono asturiano, como sucede en el resto de la cornisa cantábrica, «está desapareciendo». Árboles que siempre han estado en la zona «como el castaño, el roble, el haya y el cerezo», explica, están en grave peligro en toda la zona occidental asturiana ante el empuje de «especies invasoras», pero más rentables económicamente, como el pino y el eucalipto. Y ello conlleva, además de un problema medioambiental, «una pérdida cultural: la esencia de Asturias. Estamos hablando de edificaciones como las paneras y los hórreos que son anteriores al Imperio romano. Y si desaparecen los bosques desaparecen estas artesanías».
Su convivencia con los últimos artesanos de la zona, en su mayoría personas ya mayores que ven cómo sus oficios desaparecen irremediablemente ante el empuje de la tecnología y la modernidad, afirma que le ha enriquecido mucho personalmente. Así relata cómo un artesano le comentaba que hace cincuenta años hizo unas preciosas madreñas de avellano, que aún conserva en su casa, para su mujer. Pues bien, esas madreñas no las podría hacer hoy porque «ya no quedan avellanos de ese tamaño».
Laureano Merino aboga por un intenso trabajo de recuperación de la masa forestal autóctona y, a su vez, por mantener esos oficios tradicionales a partir de la demanda del turismo rural. «Ya nadie va a utilizar una conca para desayunar o una jarra de madera, porque tenemos el cristal en casa. Pero el turista sí que compra estos objetos para llevarse un recuerdo. Esto es lo que puede recuperar los oficios y usos tradicionales. La cuestión está en que no se lleguen a perder del todo».