«Las industrias pagarán menos por la leche»
Oviedo, M. J. IGLESIAS
21/01/2006
«El descenso de precios permitirá que el sector sea competitivo, sin que la renta global del ganadero se resienta»
Luis Calabozo es un leonés con ascendientes asturianos, que desde septiembre es director general de la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil). En esta entrevista asegura que las industrias bajarán los precios de la leche a los ganaderos para mantener la competitividad del sector lácteo asturiano.
-Algunos sindicatos agrarios han denunciado que las industrias bajarán el precio de la leche para quedarse con las ayudas a la cuota que reciben los ganaderos. ¿Por qué bajan los precios?
-Nos preocupa que no se entienda la posición de la industria. Ahora, cualquier acción contra la industria es un suicidio para todo el sector. Las empresas actúan de modo responsable. Saben perfectamente que su misión es situar en el mercado lo que el ganadero produce con tanto sacrificio. La industria debe de tener en cuenta sus resultados para la apertura de nuevos mercados interiores. El ganadero español sería irresponsable si dejase morir a la industria.
-¿Es una advertencia para frenar la resistencia de los ganaderos a la bajada de los precios?
-Nuestra misión es mantener los precios dentro de los niveles del mercado internacional. Resistirse a la baja de los precios, cuando en el mercado internacional están en descenso, es una irresponsabilidad. Las industrias deben equilibrar sus resultados. Las industrias no tienen ninguna intención de quedarse con las ayudas de los ganaderos. Las ayudas europeas a la cuota láctea son un mecanismo para mantener la renta de los ganaderos. Es una manera de permitir la bajada de los precios para que la industria sea competitiva, sin que la renta global del ganadero se resienta. Si los ganaderos españoles se oponen a la bajada de los precios quedaremos fuera de competencia. Entrarán productos transformados, quesos y leche líquida, en niveles aún más altos que los actuales, que ya son bastante elevados. Las cuentas de resultados de las empresas lácteas en 2005 no fueron buenas. Y a los ganaderos no se les bajó el precio.
-¿Cuál es el gran reto del sector lácteo español para este año?
-Las industrias empiezan el año con el ánimo de conseguir una competitividad que nos permita mantener en el tiempo nuestra actividad y todo el engranaje que conlleva el sector. Estamos cada vez más expuestos a la competencia exterior en nuestro propio mercado. No sólo se trata de nuestros países vecinos. Hay que tener en cuenta la entrada de los nuevos países del Este, con su potencial productivo. A ellos, Bruselas les ha dado una capacidad de producción que a España nunca se le dio. Y los costes en esos estados son más bajos. Las cosas se complican con la reforma del marco jurídico europeo y mundial en el que nos movemos. La liberalización de mercados preocupa, porque significa un reto en el que no queda más remedio que entrar.
-¿Es necesario buscar nuevos mercados?
-No sólo necesario. Es una prioridad importante para la industria láctea europea y española. En la medida en que mantengamos una posición competitiva, asumiremos retos. Hoy por hoy, el sector en España debe ser capaz de competir en su propio mercado. Tenemos una cuota láctea asignada muy por debajo de nuestras necesidades y consumo. Con una estructura legislativa y un marco de relaciones tan intervenidos, es difícil ser competitivos en el plano internacional. Además, la industria española es más vulnerable por los productos en los que se ha especializado; me refiero a la leche envasada, con menos valor añadido que otros productos. Desde el punto de vista de la innovación, la industria española está en el nivel de los demás.
-¿España necesita más cuota láctea para hacer frente a la demanda interna de leche?
-Nunca dejaremos de pedir más cuota láctea para España. A Francia le han dado más cuota, cuando ya es un país excedentario de leche. En cambio, España sigue con la misma cuota láctea. Nadie ha tenido en cuenta que han llegado cuatro millones de inmigrantes que también consumen.
-¿Se atisban nuevos movimientos empresariales?
-No estamos lejos de asistir a nuevos procesos de concentración empresarial. Las empresas necesitan masa crítica para afrontar la competencia internacional. La industria debe procurarse estrategias. En eso deberían involucrarse las administraciones. De lo contrario, seremos un mercado perfecto para los excedentes.
-Tal como va el volumen de entregas, ¿se prevén nuevas multas en esta campaña?
-Las cifras de recogida son similares a las del año pasado e incluso van por encima. Ante este panorama, tratamos de adaptarnos. La multa por exceso de producción láctea también provoca mayores costes a la industria que es la responsable de cobrarle al ganadero, en una misión bastante ingrata.
-¿El sector lácteo español es competitivo?
-Lo es en cuanto a innovación, pero no en costes y capacidad de presencia en el exterior. Por eso afrontamos nuevos retos. Pedimos a la Administración un esfuerzo para diseñar un plan de competitividad. Los planes de reestructuración deben ir acompañados de una disminución de costes y un mantenimiento en el tiempo. Es necesario favorecer a los ganaderos que tengan perspectiva de continuidad.
-¿La Administración entiende los problemas del sector? ¿Se sienten apoyados?
-La Administración siempre está sometida a presiones de distintos agentes individuales. A veces la rentabilidad política a corto plazo no compensa.
-¿Qué ocurre con la interprofesional láctea?
-Ya se han resuelto las dificultades que existían. Tenemos nuevos proyectos en los que la industria y los ganaderos deben ir de la mano. Tenemos que encontrar una financiación coherente. Queremos que la mesa sea realmente profesional, con la vista puesta en la rentabilidad del sector.
-¿Plantea un nuevo marco de relaciones entre los ganaderos y la industria?
-Creemos en la necesidad de favorecer al proveedor español. A la vez queremos transmitirle que su supervivencia y la nuestra van de la mano. El marco de relaciones tienen que huir de personalismos, mirando ante todo la rentabilidad.
-¿No queda más remedio?
-Me temo que no.