«Desmantelar la identidad rural y agraria de Asturias me parecería atroz»
Francisco L. JIMÉNEZ
26/09/2005
«Asturias está espléndidamente comunicada, dudo que ni al mismo Jovellanos le gustase verla convertida en una losa de hormigón»
Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, «padre» de la Constitución y antiguo líder del PP ahora muy alejado de ese partido, analiza en esta conversación con talante crítico la Asturias en la que veranea desde hace 23 años y que ya es su segunda casa. Acepta con una sola condición: evitar un tratamiento informativo que convierta sus declaraciones en categóricas.
-Y entra en harina.
«Asturias, según yo la veo, es el paradigma español del campo europeo. Es una región que ama y vive el campo y que, precisamente por eso, posee una acusada identidad territorial. No obstante, percibo que ese carácter identitario está amenazado por las urbanizaciones galopantes, por las recalificaciones desmedidas para usos turísticos y por la falta de respeto al campo y a los espacios naturales que dan a este país su sello de autenticidad», afirma.
-¿Ha nombrado a Asturias como «país» consciente o inconscientemente?
-Ciertamente, Asturias tiene una identidad tan acusada y tan propia que es lícito aplicarle la palabra país. Además, ¿no se dice aquello de que Asturias es España y lo demás tierra conquistada?
-Miguel Herrero se ha metido sólo en la polémica de moda que anima el debate autonómico: invocación de derechos históricos, aspiraciones nacionalistas cuando no independentistas, financiación de las autonomías, etcétera. Aquí van algunas de sus reflexiones al respecto.
«Tener, como Asturias, una acusada identidad territorial por razones geográficas, históricas y culturales no implica que esas identidades se vivan al margen de España. A mi juicio, sin embargo, sí hay autonomías que tienen identidad nacional propia. En ese caso estarían Cataluña, el País Vasco, Navarra y probablemente Galicia».
«Otra cosa son los derechos históricos que se invocan como apoyo a reclamaciones nacionalistas de corte independentista pero no necesariamente excluyentes de la idea de España. Esos derechos históricos -y creo poder hablar de esto con autoridad, pues en cierta manera yo soy el "inventor" de esa categoría recogida en la Constitución- son la expresión jurídica de una identidad nacional. Volvemos a encontrarnos ante el caso del País Vasco, Cataluña, Navarra y Galicia. El resto de comunidades tienen identidades propias, pero dentro de la identidad nacional española».
-Sus palabras pueden alentar ínfulas separatistas
-Un desmembramiento de España no gustaría, quizás, ni a los propios independentistas. Nadie habla de fomentar nacionalismos exclusivos -por excluyentes de la idea de España-, sino de la existencia de nacionalismos inclusivos. Pero lo que no se puede es avanzar en la construcción del mapa autonómico sobre la base de negar las diferencias. A Cataluña no se la puede tratar a la fuerza como si fuese Madrid y viceversa. Hay cuestiones identitarias que se dan en unas partes sí y en otras no; y eso hay que admitirlo.
-Herrero opina que «si las identidades regionales son una cosa y los derechos históricos otra, aún procede hacer un tercer aparte para hablar de los déficits autonómicos y su financiación.
-Conviene no mezclar las cosas. Yo no creo que la propuesta de financiación vasca, que es la que mejor conozco, amenace el fondo de solidaridad interterritorial del Estado. Lo que pasa es que este debate siempre se ha abordado manteniendo ocultas -pese a dos resoluciones en contra del Congreso- las balanzas fiscales de las autonomías. Puede que si esos datos se pusieran sobre la mesa, Cataluña -entre otras autonomías- tendría menos motivos que alegar para mantener su victimismo y las comunidades acusadas de vivir subvencionadas dejarían de aparecer ante nuestros ojos como pedigüeñas».
-Decía usted antes que detecta riesgo de pérdida de la identidad asturiana, ¿le importaría ser más explícito?
-El futuro agrario de la UE -e insisto en que Asturias me parece el paradigma rural europeo de España- se fundamenta en un cambio climático que está por ver, en la disponibilidad de unos medios de transporte absolutamente baratos que están por ver y en la desaparición de unos recursos agrícolas y ganaderos de la que, probablemente, si se concreta, habremos de arrepentirnos. La política agraria común ha deparado desequilibrios terribles y, a la vista de su insostenibilidad, se plantean dos salidas: o clausuramos el sector agrario europeo y pasamos a depender de las producciones de terceros países, subdesarrollados o en vías de desarrollo, o renacionalizamos el campo.
-Usted, ¿qué prefiere?
-La renacionalización me parece plausible, siempre, claro, que no se mantengan estructuras arcaicas e ineficaces. Salvar la identidad rural -pienso en Asturias- no tiene por qué estar reñido con una necesaria cuota de modernidad. Lo que me parecería atroz es desmantelar hoy las estructuras agrarias -con el daño que ello causaría a regiones como Asturias- para, quién sabe, tener que volver a montarlas en unos años.
-¿Por qué no delegar en otros países la función de dar de comer a Europa?
-Tal estrategia, propuesta por economistas, tiene puntos débiles. Como bien defiende el Movimiento Pro Soberanía Alimentaria, el primer objetivo de toda política agraria debe ser garantizar que los productores no pasen hambre. Esto, que parece tan lógico, puede ser un problema si con la excusa de producir en masa bienes agrícolas para Europa se implantan monocultivos que -más allá de que sirvan para enriquecer a determinadas minorías- pondrían en jaque el equilibrio, ya precario, de los sistemas agrícolas tradicionales.
La conversación vuelve por su fuero asturiano a la menor excusa, en esta ocasión la que brinda la proximidad al aeropuerto de la casa en donde veranea Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón. El entrevistador le pregunta por sus impresiones acerca de los vuelos baratos y de los récords turísticos batidos este año.
Su respuesta: «El turismo es una cosa buena, por qué negarlo. No se puede pedir que una región renuncie a semejante fuente de riqueza. Pero hay que tener en cuenta que el turismo sin control puede llegar a ser perjudicial para otros recursos. ¿Qué es más interesante: un campo de golf o un "prao" con vacas pastando? Cuidado, porque lo aparentemente ventajoso a corto plazo no es siempre necesariamente lo mejor con visión de futuro».
-En Asturias persiste la queja por las malas comunicaciones que padece la región
-Desde los tiempos de Jovellanos se viene oyendo esa queja. Pero yo creo que la región está espléndidamente comunicada. Dudo que ni al mismo Jovellanos le gustase ver a Asturias convertida en una losa de hormigón para ir de alguna parte a no se sabe dónde.
La posición de las manecillas del reloj cuyo tictac puso ruido de fondo a la entrevista -un Wekler & Schlegel firmado en Dublín- indica que ésta ha llegado a su fin. Es hora de comer; sólo queda tiempo para una pregunta más: Y a usted, por cierto, ¿qué le atrajo de Asturias?
-El clima, antes de que dejase de llover; las gentes y la dulzura de las relaciones. También el poder vivir en una aldea a pocos minutos del aeropuerto y a tiro de piedra de varias ciudades. Afortunadamente, en Asturias aún quedan sitios donde se pone poesía al campo.