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La vaca: cuestión esencial

ENRIQUE GÓMEZ PIÑEIRO, FÉLIX GOYACHE GOÑI Y GERARDO PAJARES BERNALDO DE QUIRÓS

03/03/2006

Asturias vive tiempos de cambio y esos cambios afectan a sus símbolos clásicos. Al igual que la minería o la industria pesada, la ganadería, la vaca, es parte de la imagen que identifica a Asturias en el resto de España. En tiempos de políticas de desarrollo rural, con pretensiones de fijar el paisaje y la población del campo, se tiende a olvidar que la configuración del territorio y la voluntad de permanencia de sus habitantes resultan mayoritariamente de la existencia de la actividad económica ganadera.

Que la ganadería de leche vive momentos difíciles es evidente; hoy quedan menos de 4.000 ganaderías de leche en Asturias, fruto de una rápida reconversión. Para el ganadero, los grandes inconvenientes de producir leche son el bajo precio del producto y la dedicación a una actividad que exige gran esfuerzo físico y acarrea elevados costes financieros. El profano asocia los problemas del campo a la cuota lechera o a las crisis alimentarias de la última década. En realidad, se tiende a ignorar que ni el ganadero ni las vacas actuales tienen mucho que ver con lo que recordamos de la casería tradicional. La ganadería de leche, en Asturias y en la práctica totalidad del hemisferio norte, hubo de adaptarse a esquemas productivos modernos sometidos a reglas de mercado complejas y a un marco normativo peculiar. La necesidad de aquilatar los costes variables de la explotación sin contar con terrenos extensos y bien estructurados ha llevado a los ganaderos a intentar alcanzar la dimensión adecuada y la rentabilidad de su explotación incorporando vacas de muy alta producción.

La vaca lechera está en constante evolución para adaptarse a su contexto. Bajo las directrices de programas de selección, la vaca ha mejorado su potencial productivo y multiplicado su rendimiento lechero. Pero la intensificación en las explotaciones lecheras no sólo ha afectado a la vaca, sino que este proceso trajo consigo necesidades crecientes de ingresos y también de gastos en infraestructuras, alimentación y servicios. No se debe olvidar, sin embargo, que para poder mantener la producción es preciso que, año a año, la vaca quede preñada y llegue a parir, pues sin gestación no hay lactación, y ocurre que a la vaca de alta producción le cuesta cada vez más quedar preñada. La rentabilidad de nuestras modernas explotaciones lecheras se encuentra pues comprometida. Una vaca que no cría es una ruina. Poco a poco nos alejamos del objetivo de conseguir que cada vaca tenga un parto cada año, con lo cual desaprovechamos su capacidad lechera. Desde hace algún tiempo, y con mayor intensidad en la última década, se está comprobando que las vacas que producen mucha leche son menos fértiles de lo deseable. El déficit de fertilidad tiene lugar en todo el mundo y se ha cifrado en aproximadamente 4 puntos porcentuales por cada 1.000 kilos de incremento de producción (datos de EE UU). Dado que el objetivo de los programas de selección genética es obtener animales más productivos que sus padres, el problema va a continuar aumentando. En España el problema se ha caracterizado técnicamente en Cataluña; en nuestra región, y puede que en otras, el descenso de la fertilidad se ha detectado claramente, pero aún no ha sido estudiado y su dimensión se desconoce.

La vaca de alta producción es ahora una parte del problema del sector lechero. Animales y explotaciones poco eficientes conducirán inevitablemente al abandono de la producción, lo que limitará la actividad económica de muchas zonas rurales y aumentará su despoblación. Desde Asturias, y desde España, no es fácil actuar para cambiar el marco normativo en que se desarrollan estas actividades, y tampoco lo es el tratar de aumentar la fertilidad de las vacas lecheras, porque es mucho lo que se desconoce. Pero si hay algo cierto es que Asturias dispone de estructuras suficientes para contribuir a la resolución del problema. ¿Cómo? Creando una red de investigación y desarrollo que integre a todos los actores implicados en el sostenimiento de un sector estratégico para la región. No puede pensarse en una solución a corto plazo, pero si no se establecen pronto medidas adecuadas para que Asturias avance en el conocimiento y tratamiento de este trastorno junto con otras regiones o países que lo padecen, los problemas estructurales de muchas explotaciones harán a éstas inviables. Si contar con animales más fértiles manteniendo altas producciones de leche es importante para Asturias, debemos crear una estructura que permita conseguir este objetivo.

La infertilidad de las vacas lecheras de alta producción no parece ser blanco fácil de los tratamientos habituales, aunque sí es cierto que la producción lechera no habría alcanzado el nivel actual sin la aparición de tratamientos veterinarios eficaces unidos a un minucioso seguimiento reproductivo de los animales. En grandes productoras de leche, el ganadero observa retrasos en la aparición y dificultades en la detección del celo. Por su parte, el veterinario constata que los trastornos reproductivos de estas vacas son cada vez más frecuentes, y los intentos de restaurar la actividad sexual presentan más fracasos de lo acostumbrado. Las causas de esta alteración general de la fertilidad se han atribuido erróneamente a deficiencias en la dieta de los animales, por estar la función reproductora íntimamente ligada a la alimentación y a la condición corporal. Sin embargo, lo que realmente ocurre en vacas de alta producción es que existe un marcado desequilibrio entre la energía necesaria para producir leche y la capacidad de ingerir alimento. Este desajuste se produce especialmente en los primeros meses de la lactación, y ha sido la base del gran avance registrado en la formulación de dietas y en las prácticas de administración de alimentos. Aparentemente, la solución sería simple: si el problema está en la sobreproducción bastaría con no exprimir tanto a las vacas y volver a producciones moderadas. La solución no es tan sencilla, puesto que no se ha podido determinar con exactitud si el aumento de la producción es causa del descenso de la fertilidad o bien ambos procesos se han desarrollado de forma independiente, pero a la par. Tampoco sabemos con certeza si existe un umbral de producción a partir del cual la incidencia de los trastornos que provocan infertilidad se dispara. Si esto fuera así, sería posible determinar el momento óptimo entre producción y fertilidad en términos económicos, lo que permitiría modificar el actual modelo productivo de máxima intensificación. Sería, sin embargo, irresponsable emprender reformas de tal magnitud sobre evidencias más que dudosas, puesto que se generarían nuevas ineficiencias en el sistema, y habría más abandonos de la actividad entre los ganaderos de leche.

¿Por qué las vacas de alta producción son cada vez menos fértiles? Probablemente, la respuesta se encuentre en una combinación de factores genéticos y ambientales. Los programas de selección se han especializado en obtener animales con alto mérito genético para caracteres de producción, ocupándose sobre todo de producir más cantidad de leche. La fertilidad de los animales no se ha considerado, generalmente, objetivo de selección, a pesar de su indudable interés económico, porque la fertilidad es un carácter poco heredable. Esto no significa que la fertilidad no se encuentre determinada genéticamente, sino que los genes implicados ejercen su acción mediante mecanismos (como la dominancia) que no se transmiten de padres a hijos y, por tanto, dependen de la combinación de genes propia de cada individuo. La intensísima selección realizada con éxito durante décadas ha podido dar lugar a la acumulación de variantes inadecuadas en genes de importancia en el rendimiento reproductivo. Las cadenas de señales que, informando de las reservas corporales del animal y de la propia ingesta de alimentos, conectan el cerebro con el aparato reproductor de la vaca pueden estar afectadas, resultando en importantes retrasos en la reaparición de la actividad sexual tras el parto. Esto explicaría dos hechos que han causado perplejidad en técnicos y ganaderos: por qué ganaderías que lo hacen bien tienen problemas de fertilidad y por qué, en estas mismas ganaderías, no todas las vacas de alta producción padecen este problema.

España cuenta con programas de selección de ganado lechero modestos pero eficaces. El programa que se desarrolla en Asturias cuenta con una importante infraestructura de comercialización y servicios desarrollada con el esfuerzo de los ganaderos y el apoyo económico de todos los asturianos. En combinación con otros agentes con intereses en el sector ganadero, el programa asturiano es, sin duda, útil para afrontar futuros retos. Asturias debe contar con una estructura preparada para realizar estudios en genética bovina utilizando técnicas de biología molecular. No se trata de emprender una aventura para que Asturias desarrolle por su cuenta un proyecto «Genoma» bovino (que, por otra parte, está ya en curso y sin presencia española), sino de formar una estructura de investigación y desarrollo concertada entre empresas, organismos públicos de investigación y Administración, capaz de emprender y culminar proyectos propios de mejora bovina. La actividad ha de ser permanente, detectando e identificando de continuo aspectos concretos del problema para así poder dar respuestas precisas por medio de proyectos que permitan esclarecer las causas últimas del descenso de la fertilidad de las vacas y ayudar a superarla. Esta iniciativa aumentaría directamente la eficiencia de las ganaderías de leche y, por tanto, cooperaría a mantener la actividad económica en las áreas rurales. Además, la creación de un sistema concertado, ampliamente respaldado, nos haría atractivos a países y programas que son punteros en esta materia. La existencia en Asturias de un patrimonio biotecnológico propio permitiría solucionar los problemas de nuestros ganaderos y también asegurar la competitividad de nuestros programas frente a terceros.

Aunque no exactamente como la que aquí describimos, ya existen iniciativas de tipo biotecnológico en ganadería promovidas por importantes empresas agroalimentarias asturianas. Asturias (y España) cuenta con explotaciones lecheras tecnificadas, poseedoras de animales de gran valor; en estas empresas se practica una excelente gestión técnico-económica unida a unas cuidadosas pautas nutricionales y reproductivas. Con estos mimbres es posible analizar una población bovina en condiciones reales (no experimentales) y verificar los cambios que la acción de genes alterados de modo natural hubiera podido inducir en el complejo alimentación-producción-fertilidad. El estudio de genes previamente seleccionados por su potencial interés (los llamados genes candidatos) haría posible detectar qué animales son a la vez productivamente eficientes y capaces de transmitir a su descendencia mejoras en su fertilidad. La creación de esta estructura de investigación y desarrollo es costosa y no podrá apoyarse exclusivamente en el esfuerzo económico de los ganaderos y sus empresas. Sin embargo, una vez en marcha, los costes de funcionamiento podrán ser financiados en buena parte con fondos de investigación y desarrollo tecnológico. Corresponde a las administraciones crear el marco adecuado para que los agentes sectoriales y los equipos investigadores implicados trabajen con un sentido estratégico para la región.

Fuente: La Nueva España

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