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Estampas de montaña

VÍCTOR MANTECA

06/05/2005

La ganadería extensiva ha sido la actividad económica de más peso en la montaña asturiana, lo cual ha condicionado su organización territorial, mediante acciones de roturación para crear pastizales, construcción de brañas y majadas, trazado y asentado de pistas, cercado de fincas y otras que, con el tiempo, han modificado el paisaje de acuerdo con los fines ganaderos de producción.

Sin embargo, aunque en la montaña el ganado es la principal fuente de riqueza sobre la que se asienta el modo de vida, no hay que olvidar que aún queda cierta actividad de cultivo tradicional y aprovechamiento de mucha de su riqueza forestal.

El cultivo de montaña siempre fue intensivo, predominando, entre los cereales, la escanda y la cebada, aunque en la zona occidental más el centeno, sin olvidar otros cultivos como fabas y garbanzos, «arbeyos» y lentejas, lino, nabos y calabazón y, entre las frutas, peras y «peruyos», manzanas y prunos, castañas, nueces y avellanas, si bien la patata es otro elemento esencial de cultivo y alimentación, que hizo entrada en la región por tierras gallegas a finales del siglo XVIII, conquistando, como en el resto de Europa, el protagonismo de la cocina rural y desplazando algo el consumo de los nabos, la escanda y el centeno.

Las abejas son otra riqueza ganadera de montañas y majadas y la miel, hasta hace bien poco, era el dulce más a mano, secularmente usado para elaborar algunos de los postres tradicionales asturianos, como «frixuelos», «casadiellas» o «miñuelinos». También se tomaba como sobrealimento en los duros trabajos de la siega o la cosecha, y además era usada como remedio para aliviar constipados y algún catarro invernal. La cera, poco usada en casa para iluminación, sí lo fue para figuras y exvotos ofrecidos en la iglesia por alguna petición, también para curanderos y otros remedios caseros.

La ganadería de montaña se asentó en el aprovechamiento de pastos, que conlleva desplazamientos de carácter estacional, de la vega a la braña, de la majada al llano o rotando entre valle y vega; la posesión de estos pastos siempre fue objeto de riqueza y de poder en el mundo trashumante y pastoril, pues permite la tenencia de mayor número de reses, y por ello estaba regulada con detalle en ordenanzas concejiles sobre uso y explotación.

La actual montaña asturiana cuenta con una cabaña representada, principalmente, por la vaca carreñana o asturiana de los valles, conocida como «roxa», y algo de vaca casina de montaña en la zona más oriental, que durante casi todo el año forman parte del paisaje cotidiano en las brañas y majadas, a veces junto a un mastín que tiene el rebaño a salvo del ataque de los lobos, en ausencia del pastor. La principal producción vacuna es la carne con denominación, algo de manteca de calidad y los antiguos y afamados quesos que, como el casín, es hoy uno de los productos tradicionales asturianos más apreciados.

Compartiendo iguales pastos se encuentra el ganado equino, usado para producción de carne, y de forma ocasional para trabajos de tiro o para subir a las brañas con mayor comodidad, donde, según la zona, pueden encontrarse las dos clases de asturcón y los caballos «garranos» en la zona más occidental. Las ovejas también cumplen un destacado papel y ahora es la oveja lacha vascona la más extendida por su buena adaptación. La cabra se cría en sitios de poco acceso y consume los restos que otros ganados dejan, por lo que tiene un coste bajo de alimentación; la raza que hoy más abunda en Asturias es la pirenaica, que se adapta al entorno montaraz; los cerdos de razas nuevas -poco se ve el gocho celta- se crían en pequeños «corripios» a escasos metros de la vivienda familiar, sin embargo las pitas de puesta o carne sí se ven en libertad cerca de la cuadra o en un extenso corral al resguardo de raposos y de otros descuideros que habitan el monte astur.

Fuente: La Nueva España

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